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Trata con fines de venta de bebés

13/10/2020

"Por  internet, en una página de una revista muy conocida, contacté con a una mujer que era de Rumanía pero vivía con su marido en España. Ella me dijo que no podía tener hijos y que su ilusión siempre había sido ser madre". Irina fue víctima de trata con fines de venta de bebés. 

Mi nombre es Irina. Nací en un pueblo al lado de Bucarest. Mis padres se separaron cuando mi hermano y yo éramos muy pequeños, casi no me acuerdo de mi padre. Mi madre se volvió a casar y nacieron mis dos hermanas pequeñas. Cuando yo tenía 15 años mi madre murió, mis hermanos y yo vivíamos con mi con mi padrastro.

A los 16 conocí al que sería mi marido, Martin. Al principio era muy bueno  conmigo pero cuando nos fuimos a vivir juntos, él cambió, se enfadaba mucho conmigo y no me trataba bien. A los 17 me quedé embarazada de mi primer hijo,  me pegó una paliza tan fuerte que casi lo pierdo, me pidió perdón y yo le perdoné, me dijo que cambiaría y durante un tiempo se comportó bien. Cuando ya nació mi hijo, volvieron los golpes y amenazas. Mi padrastro sabía lo que estaba pasando, yo le decía que todo se arreglaría, y enseguida me quedé embarazada del segundo bebé. En una de nuestras discusiones, llegó a pegar a mi hijo mayor y entonces fue cuando me armé de valor y decidí pedir ayuda a mi familia.

Mi padrastro, que aún tenía que mantener a mis hermanas pequeñas me acogió en su casa, pero con la condición de que no supusiera más gasto, ya que tan apenas se podían mantener ellos solos. Yo empecé a trabajar, mi hermano mayor  y su mujer me ayudaban cuidando de mis hijos de vez en cuando y así pasaron unos años.

Conocí a un chico en el trabajo, salimos unas cuantas veces y al cabo de poco me enteré de que estaba embarazada. Sabía que mi familia no me podría ayudar con el bebé, yo no podía abortar, por lo que pensé en buscar una familia para que adoptara a mi futuro bebé. Mi familia no sabía que yo estaba embarazada, así que intenté buscar una familia antes de que alguien se diera cuenta. Tenía muy claro que no quería llevarlo a un orfanato, aquí en Rumanía los niños a veces no están muy bien en estos sitios.

Por  internet, en una página de una revista muy conocida, contacté con a una mujer que era de Rumanía pero vivía con su marido en España. Ella me dijo que no podía tener hijos y que su ilusión siempre había sido ser madre. Me dijo que ella podría adoptar a mi bebé, que viajara a España  que me podría quedar en su casa y me podría ayudar cuidando de mi y de mis hijos hasta que el bebé naciera, así mi familia no sabría nada del embarazo.

Ella me ayudó a preparar el viaje, su primo que vivía en la ciudad me recogió en mi casa con mis dos hijos y me ayudó a pedir la documentación que necesitaba para viajar. Ella me pagó el billete, me regaló unas maletas y ropa para los tres.

Cuando llegué al Aeropuerto español, me estaba esperando, me ayudo con las maletas y me llevó  hasta su casa. Allí en la casa me comentó que en España no era buena idea salir sola con los niños ya que había gente que los robaba, por lo que no salíamos nunca al parque. También me dijo que en España la sanidad es muy cara, por lo que cuando saliéramos a las visitas médicas, ella me dejaba su tarjeta sanitaria para que yo no tuviera que pagar nada.

En la casa estuvimos casi 3 meses.  Al mes de estar allí,  me llevó al médico, ella quería saber si era niño o niña, cuando yo vi la ecografía supe que no podría dar a mi bebé en adopción, así que le dije que me lo quería quedar, que ya pediría ayuda como fuera pero no quería separarme de él. Ella se enfadó mucho y me dijo que tenía que pagarle 6000€ que es lo que había costado los billetes y la estancia en la casa. Como yo no podía pagar me dijo que no me podía ir y nos encerró en una habitación con un colchón en el suelo, una mesita y un bloc con colores para dibujar. Durante este tiempo, sólo salimos de casa cuando era de noche o a las visitas médicas, cada vez a un médico diferente y en clínicas privadas. Mientras yo estaba en el médico los niños se quedaban con el marido en la casa. No tenía teléfono móvil y no podía explicarles a mi familia lo que estaba pasando. Ella me dijo que me podría quedar hasta que naciera el bebé. Cuando esta mujer salía a la calle se ponía una tripa falsa, creo que era porque la gente pensara que estaba embarazada.

Cuando me puse de parto, me llevaron al hospital, era un hospital más grande, yo pensé que allí podría explicarles que mi nombre de verdad no era el de la tarjeta sanitaria, pero las enfermeras no me entendían y yo no sabía hablar español. Ellas se pensaban que yo estaba nerviosa por el parto y por eso solo me decían “tranquila, respira”.

Cuando el bebé ya había nacido, sé que algo pasó con los médicos y la mujer que me tenía en su casa, discutieron, ella estaba muy nerviosa, yo no entendía lo que estaba pasando. Al cabo de unas horas vino la policía y se llevó a mi bebé y yo me fui a un calabozo.

Poco después me llevaron a una casa de acogida, contacté con mi familia y les expliqué todo lo que había pasado. En la casa de acogida me dijeron que la sanidad en España no era privada, entendí que me habían estado engañando y que lo que en realidad querían era quitarme a mi bebé, lloré mucho y recé para que mi bebé estuviera bien y que algún día lo pudiese volver a ver.

Después de explicar toda mi historia a la policía, y después de una larga investigación, pude volver a ver a mi bebé una vez a la semana, ya tenía 4 meses. Cuando cumplió 5 meses ya me dejaron llevármelo conmigo a la casa de acogida y lo pudieron conocer sus hermanos. Al cabo de unos meses, cuando el bebé tenía casi un año regresamos a Rumanía con mi familia. Pasé un año muy duro, ahora estamos los cuatro juntos y yo estoy trabajando mucho para poder mantenerlos, nunca podré olvidar todo lo que pasé, pero doy gracias porque pude regresar a mi casa con todos mis hijos.

 

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